El aire, los restos del maquillaje mal eliminado, el sudor que segregamos, el proceso de regeneración lento (en el caso de las pieles maduras, que supone una mayor acumulación de células muertas), etc., ensucian nuestra piel.
La actividad celular de la piel se va ralentizando con la edad, causando la aparición de líneas finas y arrugas. La producción de colágeno (la proteína natural de la piel) se reduce a partir de los 25 años. La piel pierde gradualmente hidratación y proteínas, dando como resultado la pérdida de la tensión y el tono de la piel. Los ojos, la boca, el rostro, el cuello, el escote o el pecho son más vulnerables al envejecimiento de la piel.
Según un estudio, un 54% de las mujeres españolas usan cremas hidratantes, mientras que sólo un 30% utiliza productos limpiadores. Es importante saber que los residuos de suciedad, las células muertas y otras impurezas pueden causar problemas a las pieles maduras e interferir en la correcta absorción de las cremas.
Lo más práctico y fácil para evitar el envejecimiento y las impurezas del rostro, tanto en pieles jóvenes como en las más maduras, es mantener una buena limpieza en profundidad y una correcta hidratación. La piel agradecerá que la cuiden.
Para una limpieza uniforme, recomendamos la limpiadora facial diaria de Radiant C, ligera, con aroma a cítricos, con gotas de jojoga y cera, y con vitamina C. También contiene extracto de piel de naranja y aceite de piel de limón para ayudar a equilibrar el sebo, mientras revitalizas la piel. Contiene también Ylang Ylang para favorecer una piel más suave e hidratada.
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